METROPOLIS AND ADRENALINE 

Cristina Ros

Introduction text to catalog "Metrópolis"                                             

 

Translation: Steve Afif

Architecture, altitude, variety, repetition, black, white, boiling cement, sky pieces, satellite dishes, traffic, art in the faces, gestures, multiculturalism,  attraction, mirages, places, corners, signs, millions of windows, more windows, glances, noises, chaos and order, silences, tension, activity, contemplation, energy, energy, energy. Marian F. Moratinos knows well the discharge of adrenalin that one feels when you step over, when you traipse about the metropolis, New York in this case. It could be any other city. Or maybe not. It couldn’t be any other.

She is there, there she goes as a painter. The city offers so many images, that she carries her camera to try and capture all of them. This multimega camera, whose memory allows her to relive all her experiences of the city. Above all, the excitement. New York has been and is for Marian F. Moratinos a source for her painting, a guide and a school. Thousands of photographs testify to this. But not only the photographs. This is not enough. After all, she is a painter. And on her return home, in Palma, she transforms the stimulus into paint. Black and white, noise and silence, the great contrasts of the metropolis.

An important part of her generation, rejects painting, and navigates through the ocean of the new technologies or through the not always solvent shorthand of the installation art. She does not reject one or the other.  The big city and her thorough training have made her understand that there is room for everything and everyone within complexity and multiplicity, and that everyone is as it is. Therefore being as she is, excitable, full of vitality, but also observant, and with a capacity and desire to appropriate for herself all that produces the necessary adrenalin, unloads on wooden panels a collage of her experience: not only the images, but sensations as well. A collage of sensations. And she does not run away from herself. That’s why she transfers the images and paints.

Marian F. Moratinos has appropriated the metropolis to transform it into painting. That is how she understands the work and duty of the artist. Drinks in the world to convert it into her own universe that transmits her vision, and in her case, her admiring vision. Why reject one’s identity, that of the language with she feels so identified? To learn from experiences, to enjoy the excitement of the big city, to live the received stimulus, all these do not oblige the renunciation of oneself, but on the contrary reaffirms her in her path.

And thus the artist consolidates her ever poetic vision. Neither does she run away from her ingenuity. She does not show what the city is, but rather what the city means to her. A metropolis impregnated with the silence of return, and for the exciting desire of being back there someday or many days. Multiplied images are repeated in her everyday life in the studio. In the solitude of the studio, that has suddenly become a pure mirage of the big city, with hundreds of printed panels, large and small, piled on top of each other, like a skyscraper built of personal and other experiences. A metropolis also bathed by the soaked and whitened brushes that spread over the buildings, architectures, sky, branches of trees, always seen from the ground, the artist dwarfed by the immensity, corners, faces or the stimuli of art. Are extended as the artist’s own tracks. But let us not make a mistake, the transferred photographs on the wooden panels are also part of Marian F. Moratinos. She, and no other, lived it like that. That is why she now gives it back to us like a huge collage, partial, but multiple and multiplied, of the metropolis. Hers is a memory, metropolis-modernity, tradition-painting, that contains many, very many megabytes.


Cristina Ros 

Palma, November 2004

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METROPOLIS

Galería ALTAIR

Palma de Mallorca, Spain

Nov 2004 to Jan 2005

METROPOLIS Y ADRENALINA 

Cristina Ros

Texto introducción al catálogo exposición "Metrópolis"

 

Arquitectura, altitud, diversidad y repetición, blanco, negro, cemento hirviente, pedazos de cielo, antenas, tráfico, arte en los rostros, gestos, multiculturalidad, atracción, espejismos, rincones, esquinas, carteles, millones de ventanas, más ventanas, miradas, ruidos, caos y orden, silencios, tensión, actividad, contemplación, energía, energía, energía. Marian F. Moratinos conoce bien la descarga de adrenalina que se siente al pisar, al patear la metrópolis. En su caso, Nueva York. Podría ser cualquier otra. O, tal vez, no. No podría ser otra.

Está allí, ahí va como pintora. La ciudad le ofrece tantas imágenes, que carga con su cámara para poder captarlas todas. En la cámara, una memoria de muchos megas, le permite regresar con todas las vivencias de la ciudad. En ella, también o sobre todo, la excitación. Nueva York ha sido, es, para Marian F. Moratinos una fuente para la pintura, una guía y una escuela. Miles de fotografías dan fe de ello. Pero no sólo las fotografías. No se conforma con ello. Al fin y al cabo, es pintora. Y al regresar a casa, en Palma, transforma el estímulo recibido en pintura. Blanco y negro, el ruido y el silencio, los grandes contrastes de la metrópolis.

Una parte importante de la generación a la que pertenece la artista reniega de la pintura, y transita o navega por el océano de les nuevas tecnologías o por la escenografía no siempre solvente de las instalaciones. Ella no desdeña ni una cosa ni la otra. La gran ciudad y la propia formación sólida la han hecho comprender que en la multiplicidad hay lugar para todo y para todos, y que cada cual es como es. Así, como es ella, excitable, cargada de vitalidad, pero también observadora y con una capacidad y un deseo de apropiarse de todo aquello que le aporta la adrenalina necesaria, descarga sobre la madera un collage de lo vivido: no sólo las imágenes, sino también las sensaciones. Un collage de sensaciones. Y no rehuye de sí misma. Por eso, transfiere las imágenes y pinta.

Marian F. Moratinos se ha apropiado de la metrópolis para transformarla en pintura. Así entiende la labor, el deber de la artista. Beber del mundo para convertirlo en un universo propio que transmite la mirada, en su caso, admirada. ¿Por qué renegar de la propia huella, de aquel lenguaje con el que se siente tan y tan identificada? Aprender de la experiencia, disfrutar de la excitación de la gran ciudad, vivir el estímulo recibido, todo ello no obliga a la renuncia de una misma. Contrariamente, la reafirma en su camino.

Y así, la artista consolida ésa, su mirada siempre poética. Tampoco rehuye de su ingenuidad. No ofrece aquello que la ciudad es, sino lo que la ciudad es para ella. Una metrópolis pasada por el silencio del retorno, por el deseo excitante de regresar. Imágenes multiplicadas que se le repiten en la cotidianidad del estudio. En la soledad del estudio, que de pronto se ha convertido en un puro espejismo de la gran ciudad, con centenares de tablas impresas, grandes y pequeñas, una sobre la otra, como un rascacielos construido de experiencias, de las propias y de las ajenas. Una metrópolis, también, bañada por los pinceles aguados, blanquecinos, que se extienden sobre los edificios, las arquitecturas, el cielo, las ramas de unos árboles siempre contemplados desde el suelo –la artista empequeñece ante la inmensidad-, las esquinas, los rostros o los estímulos del arte. Se extienden cual huella de la propia pintora. Pero no nos equivoquemos, las fotografías transferidas sobre madera son también parte de Marian F. Moratinos. Ella, y no otro, lo vivió y lo vio tal cual. Por eso ahora nos lo devuelve como un inmenso collage, parcial, pero múltiple y multiplicado, de la metrópolis. La suya es una memoria, metrópolis-modernidad, tradición-pintura, que contiene muchos megabytes.

 

Cristina Ros 

Palma, November 2004

METROPOLIS i ADRENALINA 

Cristina Ros

Texte introducció al catàleg de l'exposició "Metròpolis"

Arquitectura, altitud, diversitat i repetició, blanc, negre, ciment que bull, trossos de cel, antenes, trànsit, art als rostres, gestos, multiculturalitat, atracció, miratge, racons, cantonades, cartells, milions de finestres, més finestres, ulls, renous, caos i ordre, silencis, tensió, activitat, contemplació, energia, energia, energia. Marian F. Moratinos coneix bé la descàrrega d’adrenalina que se sent en trepitjar la metròpolis. En el seu cas, Nova York. Podria ser qualsevol altra. O, per ventura, no. No podria ser d’altra.

Se n’hi va com a pintora. La ciutat li ofereix tantes imatges que carrega amb la seva càmera per poder copsar-les totes. A la càmera, una memòria de molts de megabytes, li permet tornar amb tota la vivència de la ciutat a sobre. En ella, també o sobretot, l’excitació. Nova York ha estat, és, per a Marian F. Moratinos una font per a la pintura, un guiatge i una escola. Milers de fotografies en són el testimoni. Però no només les fotografies. No s’hi conforma. És pintora. I quan arriba a casa, a Palma, transforma l’estímul rebut en pintura. Blanc i negre, el renou i el silenci, els grans contrastos de la metròpolis.

Bona part de la generació a la qual pertany l’artista renega de la pintura, i transita o navega per l’oceà de les noves tecnologies o per l’escenografia no sempre solvent de les instal·lacions. Ella no rebutja ni una cosa ni l’altra. La gran ciutat i la pròpia formació sòlida l’han portat a comprendre que a la multiplicitat hi ha lloc per a tothom, i que cadascú és com és. Així, com és ella, excitable, carregada de vitalitat, però també observadora i amb una capacitat i un desig d’apropiar-se de tot allò que li aporta l’adrenalina necessària, descarrega damunt la fusta un collage d’allò viscut: no només les imatges, sinó també les sensacions. Un collage de sensacions. I no defuig del que és. Per això, transfereix les imatges i pinta.

Marian F. Moratinos s’ha apropiat de la metròpolis per a convertir-la en pintura. Tanmateix entén així la tasca de l’artista. Beure del món per convertir-lo en un univers propi que transmeti la mirada, en aquest cas, admirada. Per què renegar de la pròpia empremta, d’aquell llenguatge en el qual se sent tan i tan identificada? Aprendre de l’experiència, gaudir de l’excitació de la gran ciutat, viure l’estímul rebut, tot això no obliga a renunciar a si mateixa. Contràriament, la referma en el seu camí.

I així, l’artista consolida la seva mirada sempre poètica. Tampoc no defuig de la pròpia ingenuïtat. No ofereix allò que la ciutat és, sinó el que la ciutat és per a ella. Una metròpolis passada pel silenci del retorn, pel desig excitant de tornar-hi. Imatges repetides que se li repeteixen en la quotidianeïtat de l’estudi. En la solitud de l’estudi, que de sobte s’ha convertit en un miratge de la gran ciutat, amb centenars de fustes impreses, grans i petites, una sobre l’altra, com un gratacel construït d’experiències, de les pròpies i les alienes. Una metròpolis, també, banyada pels pinzells aigualits, blanquinosos, que s’estenen per sobre dels edificis, les arquitectures, el cel, les branques d’uns arbres sempre mirats des de baix l’artista torna petita davant la immensitat-, per les cantonades, pels rostres o pels estímuls de l’art. S’hi estenen com a empremta pròpia de la pintora. Però no ens equivoquem, les fotografies transferides damunt la fusta són també part de Marian F. Moratinos. Ella, i no un altre, ho va viure i ho va veure així. Per això ara ens ho retorna com a immens collage, parcial, però múltiple i multiplicat, de la metròpolis. La seva és una memòria, metròpolis-modernitat, tradició-pintura, que conté molts de megabytes.

 

Cristina Ros

Palma, novembre 2004

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